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Quién fue Felipe II

Felipe II nació en Valladolid el 21 de mayo de 1527, hijo del emperador Carlos I (Carlos V de Alemania) y doña Isabel de Portugal. Su herencia llegó a estar formada por los reinos de Castilla (de Vizcaya a Cádiz) y Aragón, Navarra, Portugal, los Países Bajos e Italia, más las posesiones de ultramar. Fue sin duda, con diferencia, el hombre más poderoso de su tiempo -quizá de todos los tiempos- y bajo sus dominios nunca se ponía el sol, como en Internet. La historia europea de la segunda mitad del siglo XVI dependió en gran medida de las decisiones del rey Prudente -que no indeciso- y defensor a ultranza de la iglesia católica frente al cisma protestante.

Fue un hombre dedicado a su labor de gobernante. Tenía profundas convicciones religiosas, esa religiosidad del que sobrelleva la carga de una responsabilidad tremenda y necesita estar rodeado de las más diversas reliquias para sentirse amparado en todo momento, mantener la lucidez y sacar fuerzas de flaqueza. Oía misa a diario y comulgaba cuatro veces al año. Su reinado duró 55 años, uno de los más prolongados en la monarquía española.

Estuvo casado cuatro veces. La primera vez, en 1543, con su prima María Manuela de Portugal, quien falleció apenas dos años más tarde, tras dar a luz al príncipe Carlos. En 1554 Felipe se casó en Londres con la reina de Inglaterra, María Tudor. Aquel mismo año Felipe recibió los títulos de rey de Nápoles y duque de Milán y en años sucesivos recibió la soberanía de los Países Bajos y las coronas de Castilla y Aragón. Este tiempo transcurrió para Felipe entre los Países Bajos, Alemania, Francia e Inglaterra. María Tudor murió en 1558 sin descendencia.


La victoria en la batalla de San Quintín el 10 de agosto de 1557 supuso el final del pulso con Francia por el control de Italia, que pasó a manos españolas tras la firma del Tratado de Cateau-Cambresis. Además Felipe II se casó con Isabel de Valois. De este matrimonio nacieron las infantas Isabel Clara Eugenia y María Micaela, por las que el monarca siempre sintió verdadera debilidad.

En 1566 comenzó la rebelión en los Países Bajos y la dura intervención de don Juan de Austria, quien ejecutó a los condes de Horn y Egmont. Isabel falleció en 1568 y también el príncipe Carlos (hijo de su primera esposa). Ese mismo año el príncipe de Orange invadió los Países Bajos.

Felipe II se casó por cuarta vez en 1570, con su sobrina Ana de Austria, veinte años más joven que él. Tuvieron cinco hijos, aunque sólo uno sobrevivió, que sería su heredero Felipe III. Durante esta década la corte madrileña se vió cada vez más afectada por las luchas intestinas entre el secretario del rey, Antonio Pérez, y Juan de Escobedo, secretario de don Juan de Austria, el hermanastro de Felipe II. Escobedo fue asesinado en 1578 y Antonio Pérez, impulsor del hecho, llegó a acusar al monarca desde su exilio.

En 1580 murió Ana de Austria. Ese mismo año Felipe II fue nombrado rey de Portugal, tras el fallecimiento del cardenal don Enrique, regente a la muerte del rey Sebastián. Se consumó así la unidad ibérica que habían soñado los Reyes Católicos.


Felipe II ya no se volvió a casar. Durante este tiempo la complicada situación en Flandes empeoró, en gran medida gracias a la intervención de Inglaterra. La respuesta del rey español fue preparar con gran minuciosidad la flota naval más poderosa de todos los tiempos, la Armada Invencible, en diferentes astilleros de la Península. Un alarde logístico inútil, ya que en 1588 se produjo el desastre de la Invencible al mando del duque de Medina-Sidonia. Desde este momento el reinado de Felipe II comenzó a declinar y la salud del monarca se fue resintiendo, con frecuentes ataques de gota.

En realidad, aunque parco en palabras, Felipe II no fue en modo alguno ese monarca introvertido y apocado que algunos describen ejerciendo el poder escondido tras los pétreos muros de San Lorenzo de El Escorial. Muy por el contrario, viajó mucho durante su vida y residió en direrentes lugares: catorce meses en Inglaterra, cinco años en los Países Bajos, quince meses en Alemania, dos años y cuatro meses en Portugal. También pasó tres años en Aragón. Conocía Navarra y todas las provincias de Castilla. Fue un hombre instruido y culto -aunque no especialmente dotado- que amaba las letras y las artes, sobre todo la música y la pintura, con gustos avanzados y tal vez incluso heterodoxos para su época. Sólo en la etapa final de su reinado se retiró al Monasterio que había concebido como núcleo de sus vastos dominios, centro del saber de su tiempo, biblioteca, convento, basílica y tumba real. Murió en 1598, a la edad de 71 años. Con su desaparición comenzó el declive del imperio español.


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