No es oro todo lo que reluce y, por desgracia, ni El Escorial ni el Real Sitio
de San Lorenzo se libran de la plaga de grafitis y pintadas que ya invaden todos los pueblos de la
Sierra de Guadarrama. Es el arte casposo de la mediocridad -"arte orco", lo llaman
algunos-, secuela del vandalismo, la dislexia y la subcultura urbana de importación, que se
extiende como un borrón de tinta a lo largo y ancho del planeta, al grito de "¡El mal gusto
también existe!". Lo dicho: entre las mafias del hormigón y los niñatos pintores del
serrucho, se están cargando el paisaje serrano.
¡Plantad árboles, que son bonitos y nos dan sombra, madera y oxígeno! |