| La Silla de Felipe II se
encuentra a unos 2,5 km al sur de San Lorenzo de El Escorial y constituye un observatorio
privilegiado, desde donde el monarca gustaba de contemplar el panorama del monte Abantos y, a sus pies, los progresos en las
obras del monasterio. Se trata de unos riscos de granito en una elevación sobre el
bosque de la Herrería, lindando con la finca
de los Ermitaños, en la falda de las dos montañas conocidas como las Machotas. En concreto, la Silla se sitúa junto a
la Machota Primera o Machota Alta (1.460 m, también llamada Pico del Fraile, debido a que
la roca que lo corona tiene la forma de un fraile con su hábito).
La Silla de Felipe II también
tiene sus connotaciones mágicas y telúricas. Hay quien considera que estas plataformas
de granito con niveles escalonados, en las que se encuentran tallados los asientos del rey
y sus acompañantes, no son sino los restos de un complejo de altares celtiberos con 2.000
años de antigüedad, donde los primitivos pobladores del valle de Guadarrama realizaban
sacrificios rituales (al menos, esta es la hipótesis que sustenta Alicia M. Canto,
profesora de Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid). La idea es coherente con
el hallazgo de restos, más bien indicios de restos, de un antiguo castro ibérico en las
Machotas.
Aparte del hermoso paisaje y de un merendero en el que sirven comidas (cuando está
abierto), el lugar se distingue por su vegetación más cerrada que en las partes bajas de
la Herrería. La pista asfaltada que sube hasta la Silla de Felipe II continúa apenas
cien metros más y luego aparece cortada por una barrera. En este punto comienza una
"senda ecológica", adaptada para invidentes con paneles en Braille
identificadores de algunas especies vegetales y transitable en silla de ruedas, que llega
hasta el paraje conocido como la fuente de la Reina, umbrío rincón rodeado de hermosos
castaños centenarios, donde también es posible ver el famoso Tilo de la Mano (catalogado
como Árbol Singular por la Comunidad Autónoma de Madrid).
Es posible encontrar una
interesante diversidad de especies arbóreas, como el arce de Montpellier (acer
monspessulanum, precisamente junto a las piedras de la Silla hay un
magnífico ejemplar de 10 metros de altura, catalogado como Árbol Singular por la
Comunidad de Madrid), tilos (titlia europea), cerezos silvestres (prunus avium),
robles melojos (qoercus pyrenaica), madreselva (lonicera
etrusca), aligustre (ligustre
vulgare), majuelo (crataegus monogyna), madroños (arbutus
unedo), enebros (juniperus communis), castaños (castanea sativa),
avellanos (corylus avellana) y endrinos (prunus
espinosa).
El roble melojo o rebollo es quizá la
especie autóctona más típica de la zona. Su crecimiento es rápido y tiene un gran
poder de regeneracion, propiciado en gran medida por los abundantes retoños y los
renuevos de sus raíces formando tupidas e impenetrables islas. Esta formación tan
característica proporciona una buena protección al suelo con un manto de hojarasca,
favoreciendo la producción de humus. Su bellota es pobre para el ganado, pero muy útil
para casi todos los pobladores (aves, mamíferos). La leña del rebollar, de excelente
calidad, ha constituido durante siglos uno de los aprovechamientos más comunes.
En el melojar destaca por su abundancia la
hiedra (hedera
helix), enredadera que asciende por los troncos de los robles hasta llegar
incluso a asfixiarlos. La retama blanca o escoba (genista florida) y la retama negra (ctysus
scoparius) se encargan de sujetar la tierra evitando fuertes erosiones. |