 No se conoce el origen exacto del poblado medieval de Navalquejigo,
segregado en 1895 del municipio de Galapagar, en virtud de una Real Orden de la regente María
Cristina. Está situado muy cerca del apeadero de tren que lleva su nombre (Las
Zorreras-Navalquejigo) a escasos cinco minutos de El Escorial, en las inmediaciones del
núcleo residencial de Los Arroyos.
Navalquejigo todavía estaba habitado a principios del siglo XX. Se conserva una
solicitud de 1928 para construir una escuela en el lugar. Sin embargo, sorprendentemente, el
mismo año el pleno del Ayuntamiento de El Escorial acordó solicitar un expediente de
disolución. Las últimas noticias que se tienen de la existencia de la Junta Administrativa
de Navalquejigo datan de 1931. Es probable que desapareciera durante los años de la guerra.
El poblado vacío fue adquirido en 1993 por un particular, que más tarde lo puso en venta por
un precio de 110 millones de pesetas.
De esta villa que una vez tuvo su
propia jurisdicción destacan los restos de una antigua iglesia-fortaleza, de estilo muy
próximo al románico de transición, que estuvo dedicada a la Exaltación de la Santa Cruz.
La iglesia cuenta con un bello campanario y con una espadaña abalconada a modo de matacán
sobre la entrada principal. Aparte del espectacular frontis, maleza y arbustos cubren lo que
queda de los muros y el patio interior. Los ventanucos a modo de ranuras en las paredes hablan
de su función defensiva.
Junto a la iglesia en ruinas se
conserva en perfecto estado una picota de granito que fue escenario de ejecuciones. A pocos
metros, junto a unos hermosos chopos, hay un antiguo pilón de piedra con agua refrescante.
Actualmente, Navalquejigo y sus inmediaciones se
encuentran en un lamentable estado de abandono y degradación, con pintadas y basura,
olvidados por sucesivos equipos de gobierno municipal. Algunas de las viejas construcciones en
estado de semirruina han sido tomadas por 'okupas'.
De los alrededores del núcleo
residencial de Los Arroyos parte una senda muy transitada por excursionistas, que pasa junto a
un área de fresnedas y humedales tradicionalmente dedicados a la cría de ganado -las Radas-
y en las que abundan charcas y amplios estanques naturales muy frecuentados por aves
acuáticas. Al otro lado de la senda se puede contemplar extensas praderas con encinar. El
camino continúa en paralelo a las vías del tren y llega hasta las inmediaciones de El
Escorial. |