| Al sur del monasterio, más allá de los
Jardines y la Huerta de los frailes, se extienden los prados y bosques de la Herrería,
parajes bastante bien conservados gracias a la protección de que han disfrutado
históricamente por ser de propiedad real. El bosque de La Herrería, que siglos atrás estuvo
poblado por abundante caza mayor, fue declarado Paraje
Pintoresco en 1961 y en la actualidad pertenece al Patrimonio Nacional. Si usted
visita San Lorenzo de El Escorial durante los meses de otoño, aproveche para recorrer
caminando este lugar privilegiado. Se entra
por la Cuesta de los Pastores, un paseo agradable flanqueado por abundantes plátanos de
sombra. El camino deja a un lado la fuente del Seminario y transcurre luego paralelo al Club
de Golf (uno de los múltiples desmanes cometidos históricamente contra el entorno natural
escurialense) hasta salir a la carretera de Ávila, la cual hay que cruzar para llegar a la
ermita de la Virgen de Gracia. En este lugar se celebra el segundo domingo de septiembre la
romería mariana de la Virgen de Gracia,
la más multitudinaria de toda la Comunidad Autónoma de Madrid. Desde aquí, la carretera
pavimentada, retorcida como un sacacorchos, sube hasta el mirador de la Silla de Felipe II (apenas cinco minutos en
coche), aunque también es posible el ascenso a pie, atajando por veredas que parten desde la
dehesa, sin pisar asfalto.
Varias fuentes de maravillosa y
cristalina agua han sobrevivido al paso de los años en este área de privilegio: las fuentes
del Seminario, de los Capones, de la Prosperidad, de la Ermita, de las Arenitas...
En el bosque de la Herrería hay que distinguir dos zonas principales. La parte baja
está formada por vaguadas, pastizales con fresnedas y numerosas islas de robles, que
tradicionalmente han estado dedicadas a la cría de ganado vacuno, al igual que las fincas
vecinas. Estos terrenos son humedales que en época de lluvias presentan amplias superficies
encharcadas y constituyen un ecosistema muy íntimamente relacionado con los montes de los
alrededores. Abundan también los arbustos de zarzas y rosal silvestre, endrinos, sauco y
cornejo.
Luego, a medida que nos acercamos hacia la Silla
de Felipe II, el terreno se vuelve mucho más abrupto y el bosque se cierra
haciéndose en ocasiones impracticable. |