 Aunque no se trata de un hecho muy
conocido, el más antiguo vestigio del patrimonio histórico y cultural escurialense tiene su
exponente en los restos de la calzada romana que pueden encontrarse más allá del camino del
Chicharrón, en la senda que llega hasta las inmediaciones de la estación de Zarzalejo,
rodeando la Machota Baja en paralelo a las vías
del tren. Se trata de un camino de ganado que transcurre entre viejas canteras, quejigos y
pastizales, muy apreciado por paseantes y excursionistas. La senda de tierra oculta la
deteriorada calzada, cuyas losas sólo quedan a la vista en algunos tramos, si bien también
hay mojones de piedra en los márgenes, a modo de hitos, que hacen más fácil comprobar su
recorrido.
En relación con la huella del imperio romano en
esta parte de la sierra, diferentes estudiosos han especulado con la posibilidad de que el
camino utilizado por los Austrias aprovechara un antiguo terraplén romano, o si la Calle del
Rey -una de las principales arterias del viejo casco urbano de San Lorenzo de El Escorial- tal vez está
trazada sobre una calzada romana preexistente. Pero se trata de eso, simples especulaciones.
En cambio, las piedras de la Vía de la Machota se encuentran ahí, para quien quiera verlas y
palparlas, desde hace 2.000 años.
Por lo demás, el camino del
Chicharrón en dirección a la calzada romana parte de un viejo puente que desde siempre se
llama "romano", aunque el primer dato sobre su existencia es de 1432, año en que
según el cronista Lecca, se repararon tres puentes situados en Robledo de Chavela, Santa
María de la Alameda y
El Escorial. Medieval o romano,
se trata de una sencilla construcción de aspecto sólido, de un solo ojo y con pretil de
piedra, que se encuentra junto a los viveros (también se conoce como "puente del
vivero") situados al paso de la carretera de Ávila frente a la zona residencial de Prado
Tornero.
Cerca del Camino del Chicharrón, junto al río Aulencia, se encuentran escondidas
entre la maleza las ruinas del viejo Molino de Jade, lugar donde se pulían mármoles y otras
piedras nobles que el artista italiano Jacome da Trezzo utilizó para sus trabajos en el Altar Mayor del Monasterio.

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